De un modo absolutamente expeditivo,pero sin rematar la faena.Es una lástima que no le quedaran más bicicletas a mano.El bienhechor acaba saliendo por patas después de derribar a los choris motorizados con un atinado golpe de bicicleta.Con lo que tenía más a mano el buen samaritano este.Nunca hay un arma de fuego por medio cuando son tan necesarias en momentos puntuales como este,por ejemplo.
Si la acción fuera una película los malos hubieran recibido mucho más.En la vida real,los malos no se rinden tan fácilmente.El bicicletazo inesperado ya no se los quita nadie,que por cierto debe doler un huevo,más por lo inesperado que por otra cosas.Hasta los manguis tienen su "orgullo".
John C.